La Administración del Desempeño

MA Tomás Jaramillo

Universidad del Valle de México - Universidad del Cauca


Introducción.

Harold Gennen, el mítico ex CEO de ITT, solía decir lo siguiente: “...existe una inmutable ley en el mundo de los negocios: las palabras son palabras, las explicaciones son explicaciones, las promesas son promesas, pero lo único real es el desempeño”. De esta frase surgen de manera inmediata dos afirmaciones, pero también dos preguntas. 

Las afirmaciones son: El desempeño es un fenómeno real.  Si el desempeño es un fenómeno real, entonces se puede medir, o manejar, o planear, o mejorar, etc. 

Las preguntas son: ¿Qué es el desempeño? ¿Qué pueden hacer las organizaciones para medirlo, manejarlo, planearlo y mejorarlo? 

La respuesta a la primera pregunta nos induce a decir que “el desempeño de una organización, grupo o persona está definido por una integración sistémica de lo que debió lograr en el pasado, lograr en el presente y podría lograr en el futuro. Entendiendo el logro como una función integrada entre el Qué (objetivos/resultados) y el Cómo (competencias/comportamientos)”. La respuesta a la segunda pregunta presenta un gran número de opciones, ya que son muchas las estrategias y acciones que pueden encarar las organizaciones para manejar el fenómeno del desempeño.

La medición del desempeño la abordaremos desde la óptica de la administración del desempeño (o performance management, como se conoce en su versión en inglés), la cual se puede entender como “un sistema complejo de elementos de la gestión organizacional que acopla la administración por objetivos con la gestión por competencias, permitiendo especificar, revisar y mejorar de manera continua los desempeños organizacionales, grupales e individuales conducentes al logro de la misión empresarial”. 

El modelo de administración por objetivos y lo definimos en su apartado como “un enfoque de administración que, tomando como base el modelo de sistemas, se orienta al logro de resultados — en donde cada puesto define objetivos en términos de resultados a lograr (y no de actividades) que sean coherentes, específicos, prioritarios, desafiantes y tendientes al mejoramiento permanente...”. Santiago Lazzati.

Conceptos básicos.

El “Performance Management” está basado en los sistemas de administración por objetivos y en la gestión por competencias, es decir: comprende la definición de los "Qué organizacionales" (los objetivos a cumplir) y los "Cómo organizacionales" (los comportamientos requeridos para cumplir esos objetivos que denominamos “competencias”).

El sistema de información representado por los “Balanced Scorecard”, o Indicadores o Indices de Gestión, los cuales nos permiten medir el desempeño en forma balanceada, o mejor equitativa para las partes, esto es, que comprenden diferentes perspectivas para el análisis. 

Veamos este modelo a través de un ejemplo. Si un equipo de básquet desarrolla una estrategia para ganar un partido deberá fijar objetivos claros tanto a nivel grupal como individual. El coach puede fijarle un objetivo a un determinado jugador del equipo, por ejemplo el de convertir una cantidad determinada de tantos en un encuentro, por lo tanto deberá desarrollar un indicador o scorecard que contabilice los “tantos por jugador”, y asimismo deberá desarrollar en ese jugador la competencia “puntería para encestar”. 

Si el coach le fija a otro, o al mismo jugador, un objetivo para lograr una cantidad determinada de asistencias [1], también tendrá que desarrollar un indicador, “cantidad de asistencias por jugador”, y desarrollar la competencia “habilidad para descubrir quién es el jugador mejor posicionado para convertir el tanto”.

Como se observa existe, una sinergia entre objetivos, indicadores y competencias que permiten guiar el desempeño especificando el Qué lograr, el Cómo lograrlo y de qué manera se va a medir ese Qué y ese Cómo. 

En otras palabras, una organización desarrolla un programa de administración del desempeño cuando a partir de sus definiciones fundamentales (estrategia, estructura y cultura) formula sistémicamente el sistema de objetivos, indicadores y competencias que permiten planear, guiar, medir y mejorar el desempeño.

Requisitos para el desarrollo de un programa de administración del desempeño.

Los elementos fundamentales de un sistema de administración del desempeño son tres: Objetivos,  Competencias, Indicadores de gestión.

§         Los objetivos tienen como finalidad guiar el desempeño hacia el logro de la estrategia organizacional. El prerrequisito básico para que puedan ser formulados es que la organización posea definidos impulsos estratégicos, o la explicitación formal de los mismos a través de un documento denominado “planeamiento estratégico”. La generación de objetivos debe responder en parte al criterio “Top-Down” (de arriba hacia abajo). Esto implica que primero deben ser fijados los objetivos de la dirección, luego los de la gerencia, la jefatura, etc. También se debe sumar otro criterio: el de la horizontalización, al revisar y formular objetivos a través de la visión por procesos y la lectura de las vinculaciones clave entre proveedores y clientes internos o externos. Estos dos criterios permiten la formulación de objetivos integrados a un sistema formal de gestión denominado “Administración por Objetivos”. 

§         Las competencias tienen tres finalidades. La primera es la de orientar el desempeño a través de la definición de los comportamientos requeridos por la organización. La segunda es la de controlar riesgos, ya que los objetivos pueden ser logrados en el corto plazo mediante comportamientos inapropiados perjudicando de ese modo el desempeño organizacional en el futuro, y la tercera finalidad es la de explicar los desvíos en el logro de los objetivos a partir de la identificación de los comportamientos disfuncionales de una persona o grupo. Es necesario como prerrequisito que la organización posea ciertas definiciones, explícitas o implícitas pero conocidas, acerca de cuál es su sistema de valores que opera detrás del sistema de comportamientos. La administración de las competencias en una organización se posibilita a partir de la existencia de un modelo de competencias definido de manera formal en la misma. 

§         Los indicadores de gestión tienen a nuestro criterio la finalidad de guiar y controlar el desempeño objetivo y comportamental requerido para el logro de las estrategias organizacionales. La existencia de un sistema de administración por objetivos es casi imprescindible para determinar cuáles son los mejores indicadores de gestión . En nuestra opinión, también es necesaria la existencia de un modelo de competencias para darle mayor coherencia al sistema de medición organizacional. Los indicadores de gestión constituyen las células básicas de los sistemas de información.

Balance entre el QUÉ y el CÓMO en un programa de administración del desempeño.

Un aspecto crucial en un programa de administración del desempeño es la importancia relativa que se asigna a los componentes fundamentales. Por ejemplo, una organización puede valorar más el Qué que el Cómo teniendo el siguiente “Leit Motiv”: ”Lo que interesa es el logro de los objetivos y no la manera en que se logran” o, por el contrario, puede valorar más el Cómo que el Qué y por lo tanto dirá: ”Lo que interesa es cómo se logran los objetivos, más que si se logran o no”. El tema puede ser muy controversial. Nuestra postura está basada en que una organización comprometida con su futuro debe mantener un adecuado balance entre el Qué y el Cómo. 

Tal vez una de las mejores defensas acerca de ese balance provenga de un manager con fama de “duro”, el CEO de General Electric: Jack Welch. Welch explica que ninguna organización tiene dudas acerca de las personas que cumplen con el Qué y el Cómo simultáneamente, es siempre el desempeño buscado. 

Tampoco hay demasiadas dudas cuando alguien no cumple con ninguno de estos dos elementos; independientemente de la acción que se tome, éste es claramente el desempeño que las organizaciones no desean. Welch opina que si alguien no cumple con los objetivos pero “hizo las cosas bien” debería dársele una segunda oportunidad. 

Uno de los aspectos más importantes de la gestión de recursos humanos dentro de las organizaciones es, para el CEO de la GE, el manejo de las personas que son exitosas en el cumplimiento de los objetivos pero lo hacen a partir de comportamientos que se oponen al sistema de valores de la empresa. Según Welch, en esta situación se pone a prueba la madurez organizacional. 

Si la Dirección “perdona o minimiza” los desvíos en los Cómo a partir del éxito de los objetivos logrados, el futuro de la empresa puede verse comprometido seriamente. Las organizaciones maduras, según Welch, tienen el coraje de decirle a un gerente exitoso que no comparte los valores organizacionales: “O cambia o se va”. 

Otro autor que expone el balance entre el Qué y el Cómo, sumando además otros componentes importantes, es Robert Simons en un artículo de la Harvard Business School denominado “Control in an Age of Empowerment”. Un proceso de empowerment puede verse esquemáticamente como un conjunto de actividades premeditadas para consensuar el Qué y delegar el Cómo. Para Simons el control en una era de Empowerment[2] requiere de 4 elementos básicos: 

§         El sistema de objetivos para guiar el desempeño en función de la estrategia. Los sistemas de administración por objetivos son absolutamente esenciales para gerenciar procesos de empowerment, ya que la mayor libertad generada en el manejo del Cómo requiere de mayor claridad en la especificación del Qué se debe lograr. 

§         El sistema de competencias basado en el sistema de valores de la empresa y que permite especificar los comportamientos requeridos. Este sistema es de particular importancia en procesos de empowerment, al incrementar el campo de libertad de acción de los individuos en las organizaciones. El Cómo debe estar regulado por un conjunto de creencias compartidas que permitan la alineación de una mayor gama de comportamientos a la cultura y a la estrategia organizacional. El desarrollo de un manual de competencias se constituye en otro elemento de los necesarios, aunque no suficiente, para fortalecer el nivel de empowerment dentro de la organización. 

§         El sistema de límites. Si bien un empleado “empowerado” (empoderado, facultado) a partir de objetivos claros puede tener autodeterminación de sus comportamientos, es importante marcar los límites de lo que “nunca debe hacer”. La “libertad” que genera el empowerment no se opone al concepto de lo “prohibido”; por el contrario, ambos sirven, en este mundo de paradojas, para administrar el desempeño. Los manuales o códigos de ética corporativa son complementarios a los manuales de competencias y a los sistemas de administración por objetivos para evitar riesgos que la organización no desea asumir. 

§         Los sistemas de aprendizaje organizacional que permiten manejar interactivamente los crecientes niveles de incertidumbre y que fuerzan a la organización a considerar aquello que “no se había incluido en la planificación, pero hoy parece importante”. El capital intelectual crece si existen sistemas para incorporar y compartir el conocimiento. Las organizaciones deben invertir un cierto esfuerzo organizado para analizar la realidad “más allá del tablero de comando”, y a partir del dialogo y la indagación transformarse en una “comunidad aprendiente”, que es lo más cercano a lo que hoy se conoce como “organización inteligente”.

Gestión por competencias.

La necesidad que genera el surgimiento del concepto “competencia”[3] en realidad es tan antigua como la más antigua de las organizaciones y se puede resumir en una pregunta básica:  ¿Cuáles son las características que debe tener el personal de una empresa para sostener el “éxito” de la misma?. 

La historia nos enseña que los dirigentes y empresarios que se formularon la misma pregunta y hallaron una respuesta correcta se convirtieron en líderes, tapa de revistas o casos de análisis para las escuelas de negocios. 

Podemos afirmar que las competencias surgen de la consideración de cuál es el negocio de una empresa y de cuáles son los atributos de su cultura. A partir de ese análisis es necesario plantearse las características del personal (ese conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y valores) que actuarán como factores clave de éxito. 

Además de identificadas, las competencias deben ser definidas de tal modo que todas las personas de la organización comprendan qué significan exactamente conceptos como “orientación al cliente”, “flexibilidad” , “innovación” o “participación”. 

Cada competencia se define u operacionaliza mediante una serie de descriptores que intentan detallar comportamientos observables, reduciendo de ese modo el nivel de subjetividad o libre interpretación que ante la lectura o análisis de una misma competencia dos o más personas puedan desarrollar. 

Existen 4 tipos de competencias. 

1.    Las competencias genéricas o “core competencies”. Estas competencias son las que deben poseer y desarrollar las personas que integran la empresa, para prosperar en su entorno competitivo de acuerdo a su planteamiento estratégico y la definición de sus core business.  Los core business son los negocios, funciones o procesos clave en donde la organización cree que su desempeño debe ser superior para obtener los resultados deseados; por norma general están constituidos por los “negocios que la organización no desea desprenderse” o las funciones o procesos que no serán tercerizadas por el sistema de Outsourcing[4]

2.    Habitualmente las competencias genéricas describen los comportamientos funcionales que debe tener una persona, cualquiera sea su puesto o nivel, para contribuir al éxito del negocio. Si alguien no posee esas competencias tendrá problemas relevantes en su desempeño laboral. De algún modo constituyen los aspectos más claros del contrato de empleabilidad. Nadie podría ser empleado en una organización si no tiene un desarrollo razonable de las competencias genéricas o centrales requeridas por la misma. 

3.    Las competencias específicas por nivel. Estas competencias nos permiten plantear cuáles son los diferenciales de conducta que tiene un nivel jerárquico en relación con otro inferior en la estructura organizacional. La pregunta básica que se formula es: ¿Qué conocimientos, habilidades, actitudes y valores debe tener una persona para ser colaborador en una empresa determinada, además de las competencias genéricas que son necesarias para ser empleable en esa empresa en un nivel jerárquico menor?. 

Cuando Lawrence Peter elaboró su célebre principio: “...todas las personas son ascendidas hasta llegar a su nivel de incompetencia”, de algún modo, más allá de la humorada, hacía referencia a la existencia de competencias específicas y diferenciales por nivel. Peter aludía al error de no considerar cuáles son las competencias específicas del nivel superior cuando se está promoviendo a una persona. 

4.    Las competencias particulares por área o familia de puestos. Estas competencias nos permiten definir cuáles son los conocimientos, habilidades, actitudes y valores (además de las competencias genéricas y competencias específicas por nivel) que debe tener una persona para ser exitosa en un área determinada de la empresa, por ejemplo: finanzas, comercialización o recursos humanos. Estas competencias son comunes a todos los integrantes del área o familia de puestos. 

5.    Las competencias distintivas de un puesto. Estas competencias nos permiten identificar cuáles son los atributos distintivos que debe tener un ocupante de un puesto de trabajo además de todas las competencias que lo hacen empleable (genéricas, por nivel y por familia). En general estas competencias requieren indagar de manera profunda en las tecnologías de operación de ese puesto. 

Si bien las competencias genéricas son por definición comunes a todos los integrantes de una empresa, no lo son necesariamente sus descriptores. Por ejemplo, la competencia “habilidad de comunicación” puede ser importante para un nivel operativo, profesional, conductivo o directivo, pero sus descriptores deberán ser diferentes.

No son los mismos los comportamientos observables de comunicación requeridos de un nivel operativo de la organización que los comportamientos observables de comunicación requeridos para un gerente. 

Los mismo ocurre con las competencias que hemos denominado “específicas por nivel”. La habilidad de liderazgo puede ser importante tanto en un supervisor como en un director, pero sus descriptores deberán ser diferentes para marcar las expectativas de desempeño que se plantean en cada uno de los niveles. 

En este punto consideramos necesario aclarar el significado de dos conceptos que pueden confundirse:  Modelo de competencias y Gestión por competencias. 

Por modelo de competencias entendemos la documentación formal, habitualmente a través de un manual, de cuáles son las competencias de una organización. Por lo general estos manuales contienen las competencias genéricas, las específicas por nivel y en menor medida las particulares por área o familia de puestos o distintivas del puesto. La definición del concepto de competencia exige que este manual incluya un diccionario de las competencias identificadas definidas mediante descriptores traducidos en conductas observables. 

Por gestión de competencias entendemos la aplicación del modelo de competencias en una herramienta de gestión con tres finalidades principales: 

§         Orientar la propia gestión de las personas para que puedan conocer y comprender cuáles son los comportamientos concretos que deben asumir para alinearse a las necesidades del negocio. La presentación de las competencias, cualquiera sea su tipo, mediante descriptores favorece la auto-evaluación, la planificación del propio desarrollo, la autocapacitación y la regulación de la conductas en entornos de mayor virtualidad y empowerment.

§         Orientar la gestión de recursos humanos (que realiza el área de recursos humanos) alineando todas y cada una de las funciones específicas para generar, mantener y desarrollar en el personal de la empresa las competencias requeridas por la estrategia de negocio.

§         Orientar la gestión de recursos humanos (que realiza cada supervisor, jefe o gerente al dirigir el personal a su cargo) alineando todas y cada una de sus funciones de conducción para generar, mantener y desarrollar las competencias requeridas por la estrategia de negocio. 

En este sentido creemos que cuando los modelos de competencia se difunden dentro de la organización clarifican las expectativas laborales y de empleabilidad brindando reglas más claras para todos.

La administración del desempeño en la gestión de RHs.

En nuestra visión la mayoría de las funciones y herramientas de la gestión de recursos humanos se desarrollan dentro de un flujo continuo constituido por tres fases diferentes y consecutivas: el “In-Flow” o flujo de ingreso, el “Through-Flow” o flujo interno y el “Out-Flow” o flujo de salida. La manera de darles coherencia a todas estas funciones y herramientas es mediante su alineamiento con las competencias (cualquiera sea su tipo) identificadas como relevantes para la actuación de las personas que constituyen la empresa. 

Por ejemplo, si decimos que el trabajo en equipo es central para el funcionamiento organizacional y lo definimos mediante determinados descriptores, debemos utilizar esa competencia y esos descriptores para seleccionar personal (buscando y analizando en los candidatos la habilidad o valor de trabajo en equipo), capacitar al personal en trabajo en equipo, incluir el factor trabajo en equipo en el sistema de evaluación o revisión del desempeño, utilizar esta competencia para determinar el potencial, etc. 

Esta coherencia debe ser llevada también al terreno instrumental. Si se mide el trabajo en equipo en el proceso de selección de personal, probablemente se deba incluir entrevistas grupales para el análisis de la competencia en los candidatos. Si se entrena al personal para que mejore sus habilidades de trabajo en equipo, sin duda deberá hacerse mediante experiencias grupales más que escuchando a un presentador exponiendo los beneficios de trabajar en equipo, y así buscando coherencia conceptual e instrumental con las demás funciones y herramientas. 

La integración considerando que las competencias permiten describir simultáneamente los requerimientos de una posición tanto como las comportamientos que posee o demuestra poseer una persona. 

Tradicionalmente se habla de evaluación del desempeño como un proceso formal donde la organización, mediante su línea jerárquica de conducción, revisa el desenvolvimiento de un empleado comunicándole logros y aspectos a mejorar, en general a través de una entrevista que tiene como objetivo consensuar ciertos compromisos de motivación y cambio. 

En la actualidad muchas organizaciones prefieren no utilizar el concepto de evaluación del desempeño, tratando de evitar que se visualice esta herramienta como una experiencia, a veces traumática, ligada sólo a una instancia de gestión en un determinado momento del año. 

El programa de administración del desempeño sustituye a esta tradicional herramienta, integrándola dentro de un proceso mucho más amplio que abarca a todo un período y no a un momento determinado. 

Es por eso que la administración del desempeño es esencialmente un proceso de gestión para planear, analizar y mejorar el desempeño de personas, grupos y organizaciones. La evaluación del desempeño, a la que preferimos denominar “análisis” o “revisión”, es sólo un componente, obviamente importante, del performance management

Un programa de administración del desempeño contiene los siguientes elementos característicos: 

§         La especificación de objetivos (el Qué). Dentro de la fase de planeamiento del desempeño, un aspecto esencial es aclarar con cada individuo cuáles son los objetivos que debe cumplir. No es trascendente para el modelo determinar si el surgimiento de los objetivos se desencadenó por un proceso top-down o de arriba hacia abajo, o los formuló primero el individuo y luego los consensuó bottom-up o de abajo hacia arriba, o se determinaron en un comité de pares, o en la forma que fuese. Los importante es entender que si una persona no posee objetivos claros y bien definidos, su gestión no podrá contribuir con efectividad a los fines de la organización. 

§         La especificación de competencias (el Cómo). Tan importante como fijar objetivos es especificar las competencias que la persona debe asumir y desarrollar durante el esfuerzo que realice para cumplir con los objetivos. Esta instancia se facilita si las competencias han sido definidas mediante descriptores que representan conductas observables. 

§         La creación de condiciones (recursos, capacitación, motivación, etc.). Es lógico suponer que los resultados no se logran mágicamente especificando sólo los objetivos y las competencias. La tarea de la conducción es por sobre todo la de creación de condiciones propicias y de suministro de los medios para realizar el trabajo y así, las personas con objetivos y competencias claros, pueden desenvolverse exitosamente. Este rol no se desdibuja con los nuevos paradigmas organizacionales; por el contrario, crece con la filosofía del empowerment, o con “la empresa orientada al cliente”, en donde se visualiza el rol de la supervisión como un “servidor” de quienes están en el “Front-Line” o al frente de la operación, tomando las decisiones cotidianas que permiten el funcionamiento de las operaciones o los procesos para satisfacer a los clientes. 

§         La comunicación y el consenso. La administración por objetivos y la gestión por competencias son en buena medida herramientas comunicacionales. Ninguno de los beneficios de un programa de performance management pueden hacerse efectivos si no existe un genuino proceso de comunicación y consenso[5] de objetivos y competencias. 

§         Utilizamos las palabras “comunicación” y “consenso” para enfatizar la idea de que la comunicación sola no es suficiente. El consenso entre jefes y empleados es la palanca para lograr cambios y compromisos. Invertir tiempo en esta etapa nunca es una pérdida de tiempo. La comunicación requiere de un lenguaje común, por ello en esta fase es necesario capacitar al personal de conducción en tres aspectos básicos: primero, en cómo redactar objetivos utilizando criterios comunes en toda la organización; segundo, en cómo transmitir el desempeño esperado utilizando competencias y, tercero, en cómo obtener un consenso verdaderamente genuino que movilice el proceso de cambios. 

§         El monitoreo, el “Feedback” o retroalimentación y el “Coaching” o asesoría para la dirección y el control. Una vez especificado, comunicado y consensuado el desempeño esperado, el programa de performance management atraviesa una fase crítica. Los jefes deben monitorear el desenvolvimiento de sus colaboradores a partir del “Framework”, ámbito o marco que brindan los objetivos y las competencias. 

Deben también brindar feedback frecuente, periódico, oportuno e interactivo, y comprometerse con el aprendizaje continuo de los empleados mediante el proceso de coaching, que tiene por objeto mejorar la capacidad de hacer y decidir del personal. En este punto podemos concluir que el éxito de todo programa de administración del desempeño depende tanto de las virtudes técnicas del programa como de las “cualidades conductivas” de los niveles medios y altos de la organización. 

Pero la relación que se establece entre esas cualidades y el performance management no es lineal sino circular y sinérgica. Imaginemos una empresa donde las competencias para conducir personal de los jefes y gerentes disten mucho de ser el ideal; es sumamente posible que un programa formal de administración del desempeño obtenga resultados menores a los esperados. 

La “calidad” de los niveles conductivos actúa como causa y tiene como efecto el funcionamiento del sistema de administración del desempeño. Pero al mismo tiempo la instalación de un programa de administración del desempeño es una de las causas para obtener el efecto de mejorar sensiblemente las competencias de conducción de jefes y gerentes al brindarles herramientas para guiar sistemáticamente su tarea de líderes. 

§         La revisión de resultados obtenidos y competencias demostradas a través de un proceso de feedback formal. En el punto anterior hacíamos referencia a que durante todo el período de análisis del desenvolvimiento de un empleado es vital darle al mismo feedback de manera frecuente, periódica, oportuna e interactiva. Además es imprescindible establecer uno o varios momentos para brindar un tipo particular de feedback (el feedback formal a través de una entrevista de mejora) que resuma y establezca un balance del desempeño analizado. A través de una reunión formal o entrevista de mejora se pueden resumir los resultados alcanzados (cumplimiento de objetivos) y pasar revista a las competencias demostradas en función de las competencias requeridas, al mismo tiempo que rescatar fortalezas e identificar aspectos mejorables. Otra vez aquí es relevante el concepto de consenso para que esta instancia pueda desarrollarse de manera exitosa. 

§         El impacto sobre el flujo de recursos humanos y el sistema de premios y castigos. Es obvio suponer que los resultados de la revisión del desempeño se trasladen a otras funciones de la gestión de recursos humanos. En muchos casos esta traslación no puede ser lineal, ya que deben intervenir otros elementos de diagnóstico. 

Las consecuencias sobre el desarrollo o carrera, por ejemplo, están también asociadas a otros instrumentos, como la estimación de potencial u otras herramientas que no se analizan en este texto. Los impactos de los resultados de la evaluación, revisión o análisis del desempeño en el sistema de premios y castigos es un tema muy controversial. Hay autores que tienen posiciones contrarias a la relación o asociación entre los sistemas de performance management y las compensaciones. 

Otros autores, en cambio, las alientan de manera manifiesta. Nuestra posición en ese sentido es la de mantener cierto nivel de prudencia; de todos modos, la realidad de las organizaciones y especialmente las expectativas de la gente que trabaja en ellas nos inducen a pensar que sí deben existir relaciones entre los sistemas de administración del desempeño y los sistemas de premios y castigos. 

El fenómeno de la compensación es uno de los de mayor impacto sistémico en la vida organizacional no sólo por la complejidad de variables que involucra, sino también por la dinámica que puedan asumir las mismas en el corto y el largo plazo. 

 La reingeniería del desempeño y el aprendizaje organizacional. A partir de la revisión formal del desempeño pueden descubrirse las oportunidades para la mejora de gestión. La filosofía de mejora continua que adoptan las organizaciones comprometidas con la calidad y el logro de la excelencia puede apalancarse con programas de performance management orientados a plantear los problemas del desempeño como una oportunidad para su reingenierización. 

Para asegurar el éxito de los programas de reingeniería del desempeño es fundamental nuevamente fortalecer el proceso de consenso, de tal modo que la persona involucrada en un programa de administración del desempeño realice un profundo ejercicio de “compromiso con la verdad” asumiendo su nivel de responsabilidad en la oportunidad de mejora identificada y se comprometa de manera sincera, contando con el soporte de su jefe, para emprender los cambios requeridos para elevar el nivel de su desempeño. 

Otro aspecto destacable de esta fase del programa es el de utilizar la revisión del desempeño para diagnosticar necesidades de capacitación y autocapacitación. Esta etapa adquiere efectividad cuando el diagnóstico se realiza en función de las competencias requeridas y los objetivos planteados para el siguiente período. 

Las acciones de capacitación deben describirse detalladamente en términos de objetivos operacionales de aprendizaje para guiar su resolución mediante estrategias formales u “On-the-Job” o en el trabajo. Por supuesto, las acciones deben estar acompañadas del esfuerzo individual del empleado y el coaching permanente que debe brindar el jefe. 

La etapa de revisión del desempeño de un programa de performance management incluye generalmente el análisis de dos aspectos básicos: el logro de resultados (qué logró la persona en un período determinado en relación a los objetivos planificados) y cómo se desempeñó en términos de competencias demostradas. Nuevamente el Qué y el Cómo. 

La revisión de Qué, a través del “pensamiento analítico”[6] nos lleva a considerar cada objetivo “uno por uno”, separando sus elementos y partes. Del mismo modo, la aplicación del “pensamiento analítico” para la revisión de las competencias requiere considerar cada competencia por separado, inclusive analizar cada uno de los descriptores que conforman la definición de la competencia. 

Para llegar a un juicio de síntesis sobre el desempeño global es necesario utilizar otro tipo de pensamiento: el “pensamiento sistémico”[7].  El “pensamiento sistémico” permite además entender la mutua y reversible relación causa-efecto que se establece entre el campo de los objetivos y el de las competencias. La consideración sistémica de ambos fenómenos permite entender que cuando no se logra un determinado objetivo (además de revisar las causas externas) resulta provechoso descubrir qué competencia no tuvo el nivel requerido para que eso ocurriera. En otras palabras, es necesario encontrar el vínculo entre objetivos y competencias, de tal modo que el desvío en el logro de los objetivos debe ser explicado mediante desvíos en el desenvolvimiento de las competencias. 

Si un vendedor no alcanzó las metas de venta, la “culpa” no debe ser sólo de las condiciones del contexto, las acciones de la competencia, o de “los clientes que se obstinan en no comprar”, también es necesario revisar si las habilidades de negociación del vendedor son las adecuadas, si asume actitudes flexibles o conoce adecuadamente las características y beneficios comparativos del producto o servicio que está vendiendo. 

La conexión sistémica no sólo puede ser planteada ex post (para revisar el desempeño), sino también ex ante (para mejorar el desempeño futuro). Cuando se formulan los objetivos para un siguiente período se debe identificar cuáles son las competencias que deberán reforzarse para apalancar el logro de los mismos. 

Si una empresa desea incrementar las ventas al exterior en mercados no tradicionales, se deberá, por ejemplo, mejorar en el personal involucrado la habilidad para manejarse con diversas culturas e idiomas. 

La fase de revisión del desempeño de un programa de performance management implica básicamente un ejercicio de comparación entre un desempeño real y uno ideal (el que surge del planeamiento de objetivos y la modelización de competencias). El desempeño real y el ideal pueden asumir entidades diferentes de acuerdo a la perspectiva temporal que se utilice en el proceso de comparación. En ese sentido podemos comparar dos instancias: 

§         Lo que la persona hizo o logró en un período versus lo que debió haber hecho o logrado en ese período.

§         Lo que la persona hace o logra en la actualidad versus lo que podría hacer o lograr en un futuro imaginable. 

Analicemos estas dos instancias: 

La primera comparación (lo que hizo versus lo que debió hacer) tiene como finalidad básica ejercer una acción vinculada con el proceso de control de gestión (revisar lo que ha ocurrido). Todo análisis sesgado a considerar el período que ha finalizado se sitúa en una perspectiva temporal que comienza en el pasado y finaliza en el presente. 

Cuando el programa de administración del desempeño está centrado en el control de gestión, las habilidades clave que debe poseer quien lo conduce son las de observación y feedback. Creemos que por más “moderno” que sea un programa de performance management, esta instancia centrada en el pasado, no puede ser minimizada como ineludible, es un prerrequisito para la mejora del desempeño. El mayor riesgo es que el proceso de controlar la gestión que ya ocurrió se convierta en el único foco de análisis no permitiendo que se realice la segunda instancia de comparación. 

La segunda comparación (lo que hoy hace una persona versus lo que debe o puede hacer en un futuro imaginable) tiene como finalidad principal descubrir oportunidades de mejora en el siguiente o los siguientes períodos de gestión. La perspectiva temporal se construye desde el presente para visualizar desempeños superiores en un futuro imaginable. 

De tal modo que lo importante es plantearse cómo va a ser el futuro, y qué se debería hacer para que éste suceda en concordancia como se lo imagina, mucho más que como ha sido el pasado. Las habilidades centrales que tiene que tener el conductor de este tipo de proceso son tanto la capacidad para planificar sucesos en el futuro, como para brindar el coaching que necesita la persona para incorporar de manera efectiva los aprendizajes y cambios que le permitan construir un futuro de acuerdo a lo planificado. 

Cualquier misión empresarial está basada en la mejora continua y en la permanente búsqueda de resultados superiores. Ninguno de estos dos aspectos puede ser alcanzado sin una sistemática acción para mejorar el desempeño. El principal riesgo de esta instancia de comparación es que la planificación carezca de una considerable dosis de monitoreo y de seguimiento posterior. 

La pregunta que nos podemos plantear es: ¿cuál de estas dos instancias de comparación es la más importante? La respuesta que damos es que ambas son igualmente valiosas. 

El pasado no se puede modificar, lo único que uno puede modificar es el futuro, por eso la inversión de tiempo en la mejora del desempeño es siempre una gran inversión. Pero del pasado es el único lugar de donde podemos obtener datos reales. Revisar lo que ha pasado con criterios de aprendizaje organizacional y no de búsqueda de culpables permite obtener la información necesaria para reingenierizar efectivamente el desempeño futuro. 

De todos modos hay una diferencia que debe marcarse. El control de gestión (la revisión de lo que ha pasado) es una tarea cotidiana y la mejor manera de hacerla es día a día a través de un proceso frecuente, periódico, oportuno y justo a tiempo de feedback. 

Por ello en la etapa de revisión del desempeño de un programa de performance management el proceso de control de gestión debería llevar sólo el tiempo requerido para sintetizar hitos clave o para hacer un balance general, pero no para hacer un análisis sumamente detallado. 

De este modo podemos concluir que en un programa de performance management bien administrado, la instancia de mejora del desempeño es la que debería recibir mayor inversión de tiempo, pues es allí donde se obtiene un mejor retorno. 

La perspectiva multinivel en la administración del desempeño.

La forma más clásica para administrar un programa de performance management es a través de la vía jerárquica. El supervisor inmediato es habitualmente la persona que comunica y valida los objetivos, transmite las competencias requeridas, monitorea, da feedback y coaching, revisa el desempeño y participa activamente en el diseño de las acciones para su reingenierización. También es habitual que el jefe del supervisor inmediato se comprometa con la administración del programa interviniendo en las fases críticas de validación y eventualmente en procesos de feedback. 

Cuando a la tradicional vía jerárquica se le agregan otros actores tenemos una revisión y feedback de perspectiva multinivel, también denominada evaluación 360º o feedback 360º . La expresión 360º proviene de cubrir los 360 grados que de manera figurada representan todas las vinculaciones relevantes de una persona con su entorno. La idea de feedback en general se ajusta más que la de evaluación, ya que en general no es este último el propósito principal de los sistemas 360º. En ciertos casos la expresión 360º se usa también para denominar la inclusión de la perspectiva bottom-up, o de abajo hacia arriba solamente (cuando los empleados brindan feeddbak al jefe sobre el desempeño de este último). Consideramos 6 diferentes perspectivas para el análisis o feedback sobre el desempeño: 

1.      El jefe directo, como evaluador o analista del desempeño, es el figura más tradicional y sin duda absolutamente imprescindible para cualquier programa de performance management. La visión que posee para realizar la tarea de análisis está enmarcada por las problemáticas de su propia unidad o subsistema de gestión. Habitualmente la información que maneja el jefe directo sobre el desempeño de la persona suele ser rica y detallada, especialmente cuando éste utilizó de manera adecuada habilidades de monitoreo. El propósito de la revisión que realiza el jefe directo es el de posibilitar un mayor ajuste del desempeño de la persona a las necesidades de gestión. Como en todos los tipos de estructura organizacional existen jefes directos, esta perspectiva del análisis del desempeño es siempre posible y altamente contributiva reforzando el vínculo entre jefe y colaborador y el valor de la jerarquía, que a partir de los nuevos paradigmas organizacionales debe ser rediseñado pero también reforzado.

2.      El jefe del jefe directo, como evaluador o analista del desempeño, es también una perspectiva muy difundida, siempre como una opción complementaria y validatoria de la anterior. La perspectiva de análisis del jefe del jefe es o debería ser de mayor alcance y amplitud que la del jefe directo a partir de la comprensión que tiene de la organización como totalidad en una visión sistémica de la misma. Tal vez el jefe del jefe posea información menos detallada que la que tiene el jefe directo, pero probablemente ésta sea más global y menos “teñida” por la subjetividad que se establece en relaciones más directas y “cara a cara”. El propósito de la inclusión de este actor en el proceso de análisis del desempeño (además del rol natural de validación y reducción de la subjetividad) es el de posibilitar el ajuste del desempeño de la persona a la estrategia más amplia del negocio. Si bien en todos los tipos de estructura organizacional se puede practicar esta perspectiva de enriquecimiento al feedback de la persona, aquellas de naturaleza más funcional son, en general, donde este tipo de perspectiva genera mayor valor agregado. También en este caso se refuerza la cultura de la jerarquía. 

3.      El propio evaluado, como evaluador o analista de su propio desempeño, es una figura de creciente utilización denominada “autoevaluación”. La perspectiva del propio evaluado es su propia gestión. Sin duda el “evaluado-evaluador” posee abundante y detallada información de sus logros y fracasos, más que ningún otro actor de este proceso de enriquecimiento del feedback, pero tal vez desde una mirada subjetiva y parcial.  El propósito principal de este tipo de autoevaluación es incrementar la habilidad de autodesarrollo del propio individuo al asumir con madurez la revisión de su desempeño. Obviamente, cualquier estructura organizacional soporta y permite este tipo de autoevaluación. El valor organizacional que se promueve con esta línea de acción es la promoción del desarrollo de conceptos como el empowerment, el autodesarrollo profesional, la autocapacitación, el dominio personal, la autonomía, etc. 

4.      Los pares como evaluadores, o analistas del desempeño de la persona, son quizá de las figuras menos difundidas y responden mucho más al concepto de enriquecer el feedback que al de evaluar. En muchos casos, esta perspectiva de análisis es difícil de separar de la evaluación o feedback que realizan los clientes internos. En las organizaciones que promueven paradigmas de horizontalización autorrepresentándose como sistemas que administran procesos para satisfacer a sus clientes, denominamos socios internos a los pares, que en muchos casos pueden ser simultáneamente clientes internos o proveedores internos. Los pares evalúan, analizan y brindan feedback desde una perspectiva interfuncional, esto es desde los propios subsistemas, o fases de proceso que manejan u operan. La información que poseen los pares es parcial y recortada desde la visión que se genera a partir de su propia interfuncionalidad. El propósito básico de la evaluación por pares es el feedback que promueve la integración. La estructuras matriciales son aquellas donde esta forma de enriquecer la información de retorno sobre el desempeño rinde mejores frutos. El valor que se refuerza es el del “Team” o equipo, como clave de éxito para el funcionamiento y crecimiento organizacional. 

5.      Los colaboradores (subordinados) del evaluado, como evaluadores o analistas del desempeño, representan una figura no tradicional pero de gran interés para enriquecer los programas de administración del desempeño, siempre a partir del concepto de feedback. La administración de esta perspectiva es más compleja que la evaluación tradicional, ya que ésta requiere un marco de confidencialidad y una serie de prerrequistos organizacionales que deben establecerse para que la experiencia sea exitosa. Este tipo de evaluación brinda un feedback a la persona que conduce personal sobre el ejercicio real de sus competencias como líder (el CÓMO lideró).  Este sistema no es apropiado para evaluar la gestión o resultados de la tarea del jefe. La información que poseen los colaboradores es específica y habitualmente valiosa. Si todos los colaboradores de un jefe opinan que éste comunica mal los objetivos, sin duda esto significa que el jefe comunica mal los objetivos.  El propósito principal de la evaluación bottom-up (de abajo hacia arriba) es el de brindar feedback y, si bien los beneficios de este sistema son tanto para la persona como para la organización, entendemos que en este caso es el jefe evaluado quien puede aprovechar mejor los resultados del feedback.  También en este caso este modelo puede brindar frutos en cualquier tipo de estructura organizacional. Con la evaluación o feedback de abajo hacia arriba se promueve el valor de la “participación”; esto fomenta que los colaboradores participen con su opinión, que debe ser tenida en cuenta para encarar acciones de mejora organizacional. 

6.      Los clientes (internos o externos), como evaluadores o analistas del desempeño, si bien son una figura no tradicional, a partir de toda la temática de mejora de la calidad han aparecido de manera creciente. En primer término podemos distinguir la evaluación o feedback de los clientes externos de la de los clientes internos. La evaluación de los primeros está enmarcada dentro de las acciones para medir la satisfacción de los clientes y, salvo casos particulares, cuando existen “customer services representatives” (representantes de servicio al cliente), vendedores o contactos de cuenta relacionados con clientes perfectamente identificados, es difícil asociar los resultados de las encuestas con personas en particular; en ese sentido la satisfacción de los clientes es más una medida para analizar el desempeño de un grupo o una organización en su conjunto. La evaluación o feedback por parte de los clientes internos se asocia y confunde en algunos casos con la evaluación de pares, por lo que también se puede denominar feedback de socios internos. 

La perspectiva que poseen los clientes está basada en la apreciación que hacen de los productos y servicios que reciben, de cómo los reciben, de cuánto les cuesta, etc. Es una opinión objetiva, entendiendo a la percepción como un fenómeno objetivo. 

El propósito de la evaluación o feedback de los clientes es el de medir la efectividad de la gestión en términos de satisfacción de los clientes. Esta modalidad evaluatoria puede funcionar en cualquier tipo de estructura organizacional, entendiendo que en todas las organizaciones hay o debería haber clientes.  Se refuerza el valor de la satisfacción al cliente, porque la pregunta que surge del análisis de este feedback es: ¿qué podemos hacer para incrementar la satisfacción de nuestros clientes? 

En síntesis, la evaluación o feedback multinivel es una herramienta que enriquece al performance management incrementando la riqueza y objetividad de la información a través del feedback que brindan diferentes actores organizacionales.

 
10.  Asistencia en baloncesto, es el pase de la pelota qe un jugador realiza a otro quien finalmente convierte el lanzamiento en puntos efectivos.
11.  El Empowerment es un sistema de administración basado en la liberación del poder de la gente para desempeñar su trabajo acorde con sus propios objetivos y los objetivos organizacionales facultándola para decidir y actuar.
12.  En este estudio, las competencias se definen como el conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y valores que debe tener una persona para desempeñarse exitosamente en un puesto de trabajo determinado. Las competencias deben estar definidas y descritas mediante patrones observables y medibles.
13. El Outsourcing es un sistema administrativo que se abastece por medio de subcontrataciones externas.   
14. El consenso es un mecanismo de decisión mediante el cual un grupo de personas acuerda por convicción mayoritaria las acciones a seguir en pos de la consecución de un objetivo. Consenso no significa decidir por votación.
15. El pensamiento analítico es una forma de raciocinio que nos permite separar las partes y aislar los fenómenos. Las soluciones se derivan de la relación lineal, causa-efecto.   
16. El pensamiento sistémico nos permite comprender la totalidad de una situación, fenómeno o problema y visualizar las relaciones de las diferentes partes con un todo. Es totalizante ya que todo fenómeno es parte de un fenómeno mayor. La relación causa-efecto es una condición necesaria más no suficiente.