De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa
rebanada
de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la
Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento,
pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería
a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad.
La
cumbre es así, claro que es así. Además estoy seguro de que la
cumbre es sólo un segundo, un breve segundo, un destello instantáneo,
y no hay derecho a prórroga.
De
La tregua
de
Mario Benedetti.
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