Cereza roja sobre lozas blancas: 10 poemas.
Maram al-Masri.
 
3
Me abrasa el deseo y brillan mis ojos.
Guardo la moral en el primer cajón que encuentro,
me visto de demonio, y vendo los ojos de mis ángeles por un beso.

5
Espero, y ¿qué es lo que espero?
Un hombre que venga cargado de flores, y de hermosas palabras.
Un hombre que me mire y me vea. Que me hable y me escuche.
Un hombre que llore por mí, para consolarlo y amarlo.

8
Un extraño me mira, un extraño me habla,
a un extraño sonrío, a un extraño hablo,
un extraño me escucha, ante sus penas, blancas y limpias lloro
por la soledad que une a los extraños.

14
Las mujeres como yo no saben hablar;
la palabra se les clava en la garganta como una espina, y prefieren tragársela. Las mujeres como yo sólo saben llorar, su remiso llanto de repente mana como una vena cortada. Las mujeres como yo reciben las bofetadas, sin atreverse a devolverlas.
Tiemblan de cólera contenida. Leonas enjauladas, las mujeres como yo sueñan... con la libertad...
 
16
Ella me abre sus amplias puertas.
Me llama y me empuja a abalanzarme, libre, hacia su espacio, y como un pájaro ante la puerta abierta de su jaula no me atrevo.
 
34
Porque ya no queda entre nosotros
sopa caliente que compartir ni conversación lánguida que repetir.
Porque ya sólo hay entre nosotros una cama
en la que únicamente crece el musgo
y una noche que no borra el cansancio del día.
Porque ya sólo hay entre nosotros
niños a los que les preparamos nuestras ilusiones en un plato.
Porque nos hemos vuelto más educados que dos extraños
y sentimos menos admiración el uno por  el otro que dos enemigos.
Porque ya no quedan entre nosotros
aquellas desbordantes carcajadas ni aquellas caricias puras ni el sabor del laurel y la miel en nuestros labios.
Porque ya no queda entre nosotros...

45
Tiene dos mujeres, una duerme en su cama otra en la cama de sus sueños. Tiene dos mujeres que lo aman, una envejece junto a él, otra le ofrece su juventud y se desvanece. Tiene dos mujeres, una en el corazón de su casa, otra en la casa de su corazón.

47
Llegó, con el olor de su cama y de su cocina,
con los besos de su marido ocultos bajo su blusa,
con su simiente todavía caliente en el vientre.
Llegó, con su historia y sus sueños,
con sus arrugas y su sonrisa resquebrajada,
con el vello que se teje al borde de las mejillas,
con restos del desayuno entre sus dientes...
Vino con todo el dolor de mi corazón,
la mujer con la que vive mi hombre.
 
52
Vino oculto en el cuerpo de un hombre. No le hice caso.
Me dijo: abre, soy el Espíritu Santo.
Por miedo a desobedecerle dejé que me besara.
Desnudó con sus miradas mis tímidos senos;
me transformó en una hermosa mujer.
Insufló su espíritu en mi cuerpo desatando rayos y truenos.
Amén.

72
No fue tu dolor mayor que un pinchazo cuando te di la espalda. Mi dolor será rojo como una cereza madura aplastada sobre losas blancas, cuando observe la sonrisa de alivio en la comisura de tus labios.