La Era de la InformaciónV. Suárez.
Los modelos que formaron la sociedad postindustrial ya no funcionan de la misma manera en la actualidad. Los valores, los procedimientos y los paradigmas anteriores vienen a ser sustituidos de acuerdo a las premisas presentadas. Es necesario profundizar, por medio de algunos indicadores básicos: símbolos de poder, medios de producción y distribución, valores; en las diferentes posiciones que el ser humano ha tomado a lo largo de las eras.
Cuando la agricultura hace su aparición, se da la posibilidad de integrar la dispersión del humano en sistemas culturales y políticos en lugares comunes. (Stearns, 1997). Las primeras civilizaciones aparecieron alrededor del 3,500 a. C. y sus habitantes fueron los precursores en la unión de grupos a través de creencias, comercio a nivel regional y el consecuente compartimento de valores y principios semejantes. Este advenimiento, como los subsecuentes, fue un duro golpe a las costumbres ya vividas por los grupos de esa era. Desde el 9,000 a. C., los primeros cambios tensionaron las relaciones de los pequeños grupos que tendían a convertirse en grupos mayores, con base en el nuevo sistema de productividad de la agricultura. De hecho, mucha gente se resistió al cambio. La nueva economía permitía a la gente vivir mejor, pero también trajo desventajas como el cambio de relación entre hombres y mujeres y la necesidad de trabajar más duro. La agricultura era progreso en algunos sentidos, pero podía pensarse como deterioro en otros. En la aparición de nuevos sistemas políticos, el símbolo del poder llegó a ser la posesión de tierra para la agricultura. El entorno anterior es realmente grande en cuestión de tiempo. Es hasta el siglo XVII que una nueva revolución cambiaría todos los conceptos, valores y por ende las sociedades. Sin embargo, es en 1776, con Adam Smith que encontramos una idea clara del símbolo de poder de la era industrial. En La Riqueza de las Naciones expuso: "que si cada comprador conociera el precio de cada vendedor y cada vendedor conociera lo que cada comprador estaba dispuesto a pagar, todos los que actúan en el mercado podrían tomar decisiones plenamente informadas y los recursos de la sociedad se distribuirían de manera eficaz". Este pudiera ser el sueño de Comte, lograr una sociedad eficiente donde el orden fuera el valor imperante. Pero no fue así. En las fábricas, puntas de lanza de esta era, se dio una nueva forma de organización muy diferente al taller artesanal de la era agraria. Los espacios albergaban cientos y hasta miles de trabajadores, donde nadie era dueño ni de sus herramientas ni mucho menos del producto de su labor. El empleador tenía poder total de contratar o despedir por cualquier razón. Se trabajaba más de 12 horas por día con grandes riesgos de trabajo. Marx y Engels definirían como símbolo de poder de esta era a las posesiones materiales. (Thiagarajan, 1997). A fines de los 70 y durante los 80, en una era mucho más pequeña que las anteriores, el poder se enraizó en las habilidades organizacionales y administrativas, porque sin ellas una organización jerárquica de cierta envergadura no podía funcionar con eficiencia y producir productos y servicios a la velocidad requerida. Las ideas postindustriales de administración de calidad total, reingeniería reflejan el pensamiento clásico de esta etapa. Estos métodos fueron diseñados para hacer que las burocracias trabajaran con mayor eficiencia y velocidad, de este modo, los países desarrollados lograron afianzar su industrialización, al producir una sociedad consumista, acumuladora de bienes y fraccionadora del ser humano, pero no pueden arreglárselas con la creatividad, la moda, y la personalización que caracterizará la edad de la información. Este punto es esencial; de ahora en adelante, se debe hablar de una calidad y excelencia para la era de la información. (Oakley, 1997, pág. 3). Obsérvese la siguiente tabla que sumariza estos hechos.
Valores y tecnologías básicas.
El uso del vapor y otros tipos de energía y la adopción del sistema fabril llevaron a las sociedades a la Revolución Industrial. El cambio fue gradual pero inexorable. La característica principal de estos cambios es que afectan a todos los sectores sociales y su fin es el inicio de una nueva era. (Millard, 1995). Dado que la industria y el comercio siempre van de la mano, al cambio industrial le sobrevino el cambio en el comercio y este a su vez dio auge a la industria. El sistema doméstico, donde los trabajadores eran miembros de una familia o de un distrito fue superado por el sistema industrial basado en maquinaría. En el sistema doméstico, la calidad era excelente y se hacía toda clase de productos, la distribución era lenta y se llegaba a almacenes controlados por el feudo, el costo era alto y la existencia limitada. Muchos comerciantes demandaban costos menores e inventarios mayores dadas las necesidades de su creciente comercio. El sistema industrial vino a cumplir estas peticiones, por su modo de producción masiva, la calidad del producto era buena y estándar, los costos menores y la existencia nunca faltaba. Además de que tenía ventajas como el dar empleo a todos los miembros del distrito, remunerar mejor al obrero especializado que no contaba con capital para iniciar su propio negocio. Obviamente esas primeras fábricas se parecen en poco a las fábricas de la era postindustrial. Los medios de distribución en Europa se mejoraron por medio de canales en los sistemas pluviales y la aparición del barco de vapor. Para principios del siglo XIX, dado que no todo podía viajar por río o por mar, se hizo necesaria la invención de un nuevo sistema, el ferrocarril, iniciando así la era moderna de transportación de bienes. Hasta fines de los 80 vivimos la era de la producción de manufactura. Enfilando a los 00, nuevamente entramos a una era de producción y distribución con base en la individualización artesana. La era de la información revive muchas de las características de la era agraria, como el retorno a la producción individualizada o con base en pequeños grupos. El uso de la tecnología para incrementar la eficiencia y la velocidad de la producción y distribución en masa llegó a su clímax y quienes continúen estas prácticas están condenados al fracaso. (Suárez, 1995). La calidad total, los procesos de reingeniería de negocios y muchos otros credos de los negocios que gozaron de sus quince minutos de fama ya no se adaptan a la nueva realidad. El éxito en la edad de la información se traduce en el aprendizaje y manejo de competencias para usar la tecnología para individualizar y personalizar los servicios y los productos. La siguiente tabla muestra los elementos de producción y distribución de las eras tratadas, así como las necesidades de la era de la información.
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