Actualidad del estudio del liderazgo.
Introducción in-extenso.

El tema del liderazgo cobra hoy mayor actualidad, luego de que las organizaciones de la era industrial le dieron mayor importancia a las instituciones en demérito de las personas. Hoy día las ciencias administrativas nos muestran la importancia de revalorar la aportación de las personas al desarrollo y a los logros de tales organizaciones. En un mundo cuyo signo principal es el cambio, resulta apremiante el estudio de la capacidad de dirigir, orientar y fortalecer el esfuerzo colectivo hacia la continua innovación y adaptación a nuevas circunstancias. En medio de los mares turbulentos, es indispensable la detección y formación de los hombres y mujeres que sean capaces de encontrar los nuevos rumbos y opciones de un nuevo siglo, cuyas fronteras aún son desconocidas y nos presentan nuevos retos. Entre ellos podemos señalar los más importantes.

Es urgente encontrar nuevas formas de inspirar y dirigir este mundo que ha surgido después de la guerra fría; urgen nuevos pactos de desarrollo y cohesión, ya que la integración de los países en función de enemigos y aliados ha perdido gran parte de su justificación; se requieren nuevas visiones y metas que motiven e integren el esfuerzo humano hacia niveles superiores de cohesión.

Se necesitan formulas y lideres que respondan a las nuevas agrupaciones internacionales como la Comunidad Económica Europea, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y la Integración de los Países del Pacifico, etcétera.

Se requieren alianzas globalizadoras y trascendentes ya que los problemas ecológicos, económicos y sociales de unos países afectan a los otros. La deforestación del Amazonas y de otras zonas tropicales amenaza la supervivencia misma de la raza humana; lo mismo que el rompimiento de la capa de ozono, o la contaminación de los mares y del aire. Los problemas sociales y económicos afectan la migración mundial y la paz, incluso de las regiones y países de mayor desarrollo y estabilidad. Baste como ejemplo la desesperación de los norteamericanos que han perdido el control de sus fronteras y el que los inmigrantes ilegales sean causa directa o indirecta de mayor violencia, injusticias y crímenes.   Lo mismo sucede en Alemania, donde existen fuertes tensiones laborales con los inmigrantes. La recesión en un país produce efectos en otros.  

Se necesitan nuevas formas de visualizar el futuro de la humanidad ya que nos hemos vuelto a encontrar en la pequeña aldea, gracias a los medios de comunicación y a las nuevas formas de civilización y cultura. Los medios han hecho caer las barreras del tiempo y las fronteras que dificultaban los negocios y las transacciones. Hoy recibimos información instantánea de los puntos más alejados del planeta. Kurt Biendenkopf (1993), uno de los políticos intelectuales de Alemania, dice que "el fracaso de los líderes actuales se debe a la falta de una conceptualización [nueva del destino de los países] [...] las respuestas antiguas están obsoletas y los lideres siguen usando las mismas respuestas". Lo que se requiere es una nueva forma de interacción entre los países, los Estados, las grandes organizaciones internacionales, las comunidades y entre los grupos representantes de las nuevas necesidades y tendencias.  

En la dirección y conducción de las empresas e instituciones modernas se ve como fundamental la formación de lideres que favorezcan la reconversión de las plantas industriales y las nuevas demandas de servicio para poder enfrentar el reto de la competitividad, la innovación y la adaptación al cambio acelerado. Especialmente, las organizaciones que adoptan como forma de sobrevivencia y competitividad los nuevos sistemas de calidad total (Crosby, 1990) han descubierto que requieren de lideres innovadores en todos los niveles de las organizaciones, y que sean ellos los responsables de generar los cambios continuos en la calidad de los productos, de los procesos, de las personas y de los sistemas administrativos, con el fin de responder a la carrera permanente que marcan los avances tecnológicos y los mercados cada vez mas exigentes.  

Dentro de los países existe una tendencia a reforzar las comunidades, los municipios, los barrios, los grupos intermedios como un proceso de democratización participativa (Naisbitt, 1982), en donde los ciudadanos retomen la corresponsabidad de los servicios y la solución de los problemas y necesidades que aquejan a cada unidad del contexto social (Osborne y Gaebler, 1993). El crecimiento generalizado de la población, de las ciudades y de las organizaciones hace necesaria una nueva forma de participación, para que las personas no se masifiquen ni se conviertan en simples números estadísticos, sino que sean actores y artífices de su medio ambiente, como única posibilidad de participación democrática. Esta renovada intervención de los pequeños grupos requiere de la multiplicación de lideres en todos los niveles sociales y organizacionales.  

La importancia e interés del liderazgo se refleja en el número tan elevado de nuevos títulos y artículos publicados en los últimos cinco años, tanto en el campo de las ciencias económico-administrativas, como en el de las ciencias sociales. Incluso en los periódicos y revistas informativas y de divulgación, aparece con mayor insistencia y con una tendencia creciente. Baste como muestra la edición de la revista Time del 12 de julio de 1993, en cuya portada se plantea una cuestión fundamental: "Que ha pasado con el liderazgo en el mundo?" A continuación aparecen en caricatura los siete representantes de los países más ricos de la Tierra sumidos en trajes que les quedan grandes. En el articulo principal, de James Walsh, aparecen opiniones y comentarios de académicos e historiadores que, como Jean Lacouture, afirman que esta época se caracteriza por carecer de verdaderos lideres y que la fuerza de los hechos pesa más que la voluntad de los hombres, de los partidos y de las organizaciones políticas. Morton Abramowitz, presidente de la Fundación Carnegie en Washington, dice que "los países ricos no tienen capacidad de sacrificio. Estamos viviendo un periodo en el que nadie es capaz de resistir el dolor; en el que se quiere un mundo libre de guerras, dado por casualidad, en el que nadie está dispuesto a tomar riesgos... no es una época para presumir de héroes". 

Sí repasamos los estudios de liderazgo en la literatura científica de los últimos cincuenta años, descubriremos que en realidad existen pocos modelos de él. Entre las investigaciones más conocidas se encuentran las realizadas por Douglas McGregor (1960), que analiza la influencia de la filosofía de los lideres en su conducta y en el estilo particular de dirigir; las de Robert Tannenbaum y Warren Schmidt (1973), que analizan la relación entre un estilo democrático y uno autoritario; y las de Robert Blake y Jean Mouton (1975), que definen las dos variables esenciales sobre las que se ejerce el liderazgo, que son. la orientación hacia resultados y la orientación hacia la conducción de las personas.  

En estas investigaciones se analiza la misión básica de todo líder, que es dirigir a un grupo humano hacia las metas deseadas y propuestas. En ellas se clarifica que todo dirigente debe moverse entre estas dos variables para lograr su cometido: 1) saber motivar, promover, orientar, negociar y relacionarse con las personas; y ser capaz al mismo tiempo de 2) definir, proponer y hacer lograr las tareas y objetivos. El descuido de cualquiera de las dos variables lo debilitan en su función de productividad, ya que por un lado fracasaría en el logro de los resultados, y por el otro, fracasaría en la formación de un equipo humano integrado y fuerte. Dos autores que también han profundizado en el tema son Paul Hersey y Kenneth Blanchard (1981), quienes investigan la intima relación que se da entre el líder y los seguidores. La existencia misma del líder depende de los colaboradores; de hecho, no existe líder sin seguidores.  

El liderazgo es un fenómeno social, constituido por dos elementos esenciales: el que influye y los que son influidos. Dentro de esta interacción se puede analizar la eficacia o efectividad de los que dirigen (Reddin, 1974). Un líder puede ser muy efectivo con un equipo de trabajo y sin embargo ser ineficaz con otro. Últimamente han contribuido al estudio del tema personas como John W Gardner (1990), un hombre que ha sido secretario de Salud y de Educación; ha dirigido diversas instituciones y empresas y ha sido asesor de seis presidentes de los Estados Unidos; John P Kotter (1988), profesor de la Universidad de Harvard y reconocido por sus escritos sobre liderazgo; Warren Bennis (1985), quien fuera rector de la Universidad de Cincinnati y asesor de gobiernos y de empresas multinacionales; Tom Peters y Robert Waterman (1982), con su estudio de las organizaciones excelentes desde su perspectiva como asesores de empresas; y ahora, cada vez más investigadores contribuyen a la teoría del liderazgo con el análisis de los rasgos, características y necesidades tanto de los que ejercen el papel de conductores como el de las instituciones, organizaciones y grupos que reciben la influencia de sus lideres.  

En nuestro país sobresalen en el estudio del liderazgo Alfonso Siliceo Aguilar (1992), con su libro Liderazgo para la productividad en México, que analiza la relación entre productividad, educación y relaciones industries, así como el grupo editorial Ferraez, que esta presentando la revista Lideres Mexicanos para destacar la biografía de los modelos de liderazgo en la República Mexicana.  

Especialmente me han inspirado los trabajos de Bennis, quien se propuso estudiar a los lideres de carne y hueso, lo que le condujo a deshacerse de sus presupuestos de que los mejores lideres debían ser demócratas, con excelente oratorio, vestidos para triunfar, con carisma, etc. En realidad, descubrió que existen todo tipo de lideres efectivos y que sus cualidades reales son habilidades que se pueden aprender, mismas que examinaremos a lo largo de estas páginas.  

Otro que también me ha inspirado es John W. Gardner, por su sabiduría y perspicacia para analizar su propia experiencia y la de los lideres con los que ha interactuado. Desde luego, otro autor que ha influido en mi pensamiento y en la investigación ha sido Peter Drucker (1988), quien ha estudiado este fenómeno de liderazgo en la gerencia y ha hecho hincapié en las herramientas que hacen más efectivos a los directores y a los ejecutivos.  

Sin embargo, aún hay mucho por estudiar e investigar sobre el tema. El liderazgo se esta dando, hoy por hoy, en un nuevo contexto y en un nuevo mundo, en el que la información y el conocimiento cobran una nueva dimensión; así como el valor de las personas retoma una nueva perspectiva con relación al capital o a los medios de producción  (Drucker, 1992). Estos cambios generan nuevas concepciones y modelos para conducir a las organizaciones, a los grupos y a los países.  

En siglos pasados el liderazgo de las instituciones se sustentaba mas en los poderes económico, político y militar. En las últimas décadas, en plena era industrial, la tecnología y el capital fueron los dueños indiscutibles del poder, por lo menos en nuestro mundo Occidental. A tal grado que los mismos Estados se convirtieron en dueños de empresas y negocios.  

Hoy, en la era de la información y del conocimiento, los capitales no son más importantes que los conocimientos y las nuevas tecnologías (Naisbitt, 1982).  

El poder político tiende a una mayor democratización. Los ciudadanos exigen mayor participación, y los medios de información, la educación generalizada y los avances culturales han ido moldeando a ciudadanos más conscientes de sus derechos y de su fuerza como opinión pública (Osborne y Gaebler, 1993).  

A nivel mundial el poder militar tiende a disminuir, y por lo tanto a  poseer menos preponderancia, lo cual ha permitido generar nuevos balances de influencia. El poder económico y el comercio entre las naciones es el nuevo campo de batalla. Hoy las nuevas reglas del juego son las del mercado, tanto en el bloque de países que pertenecieron a la Unión Soviética, como en la actual China comunista, en Cuba y en todo el mundo.  

El poder de los individuos cede espacios al poder de grupos organizados y complejos, que incluso dejan de ser locales y nacionales para convertirse en multinacionales, como son los movimientos ecologistas y religiosos que poco a poco cobran mayor fuerza.  

Vivimos en un mundo de rápida transformación, de alianzas estratégicas, de intereses múltiples y con una perspectiva global. Como ya lo mencionamos, el mundo se reacomoda en bloques, y los mismos países redefinen su identidad y su destino. Los bloques, como la Comunidad Económica Europea, el bloque norteamericano, el de la Cuenca del Pacifico, son inicios de lo que seria los suprapaíses del siglo XXI. 

El poder que sostiene a los lideres se hace multipolar. El poder de la información, de la tecnología, del conocimiento, del know how; el poder de las relaciones e interacciones entre individuos y grupos; el poder de la cohesión y de los intereses económicos; el poder de la innovación y del cambio, pasan a tomar un nuevo lugar junto con los antiguos poderes militantes, políticos, religiosos y económicos tradicionales.  

La misma relación social de liderazgo entre dirigentes y seguidores se transforma. Hoy vivimos una sociedad más culta y compleja. La democracia pide nuevas formas de participación y exige de sus lideres, una conducción y una congruencia que antes se le perdonaba a los dioses del poder.  

Las grandes instituciones han ido perdiendo su eficacia y han llegado al limite de su productividad. Los grandes aparatos de gobierno que se crearon en el siglo XX han dejado de ser tan eficaces para atender a los ciudadanos. Por eso observamos cómo las grandes organizaciones, que hoy son inmanejables, están sufriendo grandes restructuraciones, aplanamientos, divisiones y fusiones. Tal es el caso de todo el aparato gubernamental que ha despedido a miles y miles de servidores públicos, como es el caso de Pemex, la empresa estatal más grande del país; los bancos, y en general todas las instituciones están sufriendo un adelgazamiento considerable. La organización social y política esta generando liderazgos locales que antes no existían y que hoy se consideran indispensables para que la voz de los ciudadanos llegue a los niveles más altos del poder.  

En las mismas organizaciones privadas o paraestatales, la especialización y la capacitación de mayor número de miembros de la organización propician nuevas voces de representación y liderazgo en todos los niveles de la pirámide organizacional. Y la misma administración moderna, como es el caso de los círculos de calidad, de los modelos socioeconómicos y los de calidad total, están propiciando el surgimiento del liderazgo compartido y multidisciplinario.  

En esta complejidad, estos lideres tienden a estar mejor ubicados y limitados a su área de influencia. La fuerza y la credibilidad se limitan al área especifica de especialidad, de tal manera que hemos dejado de ver, como en siglos anteriores, la fusión de poderes disímbolos e indiferenciados. A finales del siglo XIX, el dueño de la empresa era el único que dominaba todas las especialidades: ingeniería, recursos humanos, administración, finanzas, etcétera.  

En nuestro mundo actual, cada vez son menos los lideres que sustentan, al mismo tiempo, el poder religioso y el militar. Cada vez existen menos lideres que sean al mismo tiempo los rectores de lo económico y de lo político. 

Incluso en el campo religioso, los lideres son escuchados y aceptados como representantes religiosos; pero cada vez menos como lideres en el campo de la moral. Tenemos el ejemplo claro del Papa Juan Pablo II, que ha incrementado su liderazgo religioso en la Iglesia católica y su influencia a nivel mundial, y sin embargo, cada vez menos fieles siguen las normas morales relacionadas con el control natal, el divorcio y otras costumbres, que ahora se consideran en el campo de la conciencia individual y de las ciencias naturales o sociales.  

También en el campo empresarial y administrativo, los dueños de las empresas han ido dejando su liderazgo administrativo para convertirse en socios que hacen oír su voz solamente en el consejo de accionistas. Los directores generales han tenido que compartir su poder y su influencia con los directores especialistas, ya que no existe en el nuevo esquema el líder de una organización que conozca más de cada área que sus colaboradores expertos.  

Sólo en la micro y pequeña empresas siguen existiendo los lideres multiespecialistas que manejan todas las funciones y que son directores y al mismo tiempo dueños. Y aunque esto es así, probablemente tendrán que aliarse con otras empresas para sobrevivir, y por lo tanto, tendrán que ceder parte de su poder.  

Al iniciar el estudio de nuestro tema, los lectores se habrán dado cuenta de que el mismo concepto de liderazgo puede ser un termino equivoco, ya que lo mismo hablamos del liderazgo de un presidente de la república, que del de un director de empresa o del de un delegado de un organismo internacional. El mismo término se aplica a un gerente de una tienda departamental, que a un supervisor de una línea de ensamble de refrigeradores o a un secretario general de un sindicato.  

Desde luego, existen características y variables comunes que tienen vigencia para todo tipo de liderazgo, como la de lograr resultados, o la variable indispensable en todo directivo de saber motivar y relacionarse con las personas y grupos; también es común a todo liderazgo el saber dirigir y saber comunicarse.  

Lo que varia es el grado y el nivel de dominio de estas habilidades o capacidades. Esto resulta obvio cuando definimos el perfil de un director general de una gran corporación trasnacional o el de un jefe de departamento que tiene cuatro personas a su cargo. En ambos casos estaremos hablando de conducir personas hacia los resultados esperados, pero la forma y el grado de responsabilidad, el enfoque y la amplitud del liderazgo serán esencialmente distintos.  

Es fundamental, para estudiar el tema, entender que es un concepto relativo al nivel, grado de responsabilidad, especialidad y alcance. Es también relativo al tipo de seguidores, a su nivel cultural,.a su preparación técnica, al grado de madurez y al tipo de organización de la que estemos hablando. En este libro nos referiremos a las características comunes de liderazgo, sobre todo en cuanto a los contextos comunes y a las actitudes, conductas y practicas de los lideres que tienen una base análoga y pueden ser comparables entre si, a pesar de las diferencias individuales y de niveles.  

Este cambio tan dramático, a velocidades y dimensiones globales nunca antes experimentadas por el hombre, requiere de los lideres que conduzcan y orienten a sus naciones, instituciones, organizaciones y grupos hacia una nueva sociedad en gestión. La complejidad y el crecimiento demográfico humano requieren un número enorme de personas que acepten la vocación de ser agentes de cambio eficaces y creativos, para encontrar nuevas formulas a los nuevos retos que se nos presentan. La transformación y las oportunidades se dan en todos los sistemas: político, religioso, militar, administrativo, económico, educativo, social e incluso en la misma familia. 

Este enorme cambio y crisis abarca todos los ámbitos de la vida humana, desde los sistemas filosóficos v religiosos; los valores y las costumbres; la ética y las formas de relación y de intercambio. Es el momento de propiciar y formar a los dirigentes del mañana si no queremos quedar a merced del viento.  

La formación consciente y planeada de lideres es mas necesaria hoy en día puesto que la crisis que padecemos ha estado lejos de fincarse épocas de carencias y de sacrificios, ya que en esta crisis el cambio se ha dado en medio de la mayor bonanza en la historia de la humanidad. Lo cual requiere que se pague un mayor precio para que surjan los lideres que sepan exigir trabajo y sacrificios para lograr mayores retos, o que la educación tanto formal como informal enfoque sus metas a proporcionar el liderazgo requerido.  

Hay que tener en cuenta que el mayor enemigo del cambio es la bonanza, como lo es para las organizaciones que durante mucho tiempo han tenido éxito; para ellas es difícil entender la necesidad de enfrentar el nuevo mundo a través del cambio planeado.  

La urgencia de lideres no sólo se da en las naciones o en las organizaciones; en la misma familia parece que se ha perdido la autoridad moral de los padres. Dentro de la intimidad del hogar, ahora, se reciben influencias de distintas formas de vida, de distintos valores y códigos morales. La educación familiar consistente se ha vuelto un reto difícil.  

Los medios de comunicación social, especialmente la televisión, han pasado a formar parte integrante de las familias; mediante la imagen, introducen en la conciencia de los niños y adultos cientos de asesinatos, hechos violentos, conductas de desintegración familiar y social; costumbres y fines éticos diversos a los propios. Lo que hace apremiante una nueva postura educadora de los padres, de manera que se conviertan en verdaderos lideres de sus hijos y que influyan positivamente para inculcar en ellos fines y valores acordes con nuestra cultura y que los formen como verdaderos ciudadanos y hombres responsables de este nuevo siglo que nace.  

Las escuelas ya no son una prolongación del hogar, como sucedía hace algunas décadas; antes, la escuela apoyaba y reforzaba los valores culturales tradicionales y daba congruencia a la educación de los hijos. Hoy las mismas escuelas son mosaicos de distintas culturas, valores y criterios vitales.  

Las organizaciones están llenas de confusión y contradicciones. Muchas de ellas producen bienes y servicios y al mismo tiempo destruyen el planeta. Muchas de ellas están sumergidas en una carrera descomunal ante las nuevas exigencias de competitividad, internacionalización y productividad. Otras muchas están sucumbiendo en este maremoto.  

En la mayoría de los países, los partidos y los políticos pierden credibilidad. En el campo religioso, muchos sacerdotes y pastores pierden seguidores e influencia en países y comunidades donde eran pilares en el pasado. Las teorías económicas pierden vigencia y aparece la necesidad de una nueva explicación global de las variables que deben ser manejadas, que la no controladas, por los países. La concepción del trabajo como esfuerzo físico y sudor, analizado por Carlos Marx en una lucha permanente de clases, ha dejado de existir.  

Hoy cobra mayor fuerza el trabajo como conocimiento y como innovación tecnológica, como progreso y servicio.  

Esta crisis exige la aparición de lideres que sepan llevar a esta generación hacia un futuro de mayor claridad y congruencia.  

La historia nos ofrece ejemplos extraordinarios de lideres que supieron responder a las necesidades de su época y proponer los grandes retos que hicieron trascendentes la misión de sus países o de sus generaciones. En los grandes momentos de crisis surgieron estos hombres que fueron los guías en la oscuridad, los maestros de sus generaciones, los héroes que arriesgaron la vida, los visionarios que percibieron las posibilidades que otros no captaron, los profetas que hablaron del futuro.  

Así, vemos a un Moisés que señaló la ruta a un pueblo que tenia perdida la fe, la identidad y su destino. Existió un Winston Churchill que en los tiempos de mayor amenaza y destrucción supo sostener viva la esperanza de Inglaterra, o un Mahatma Gandhi que con sólo la fuerza de sus ideales derrotó a uno de los imperios más poderosos de la Tierra.  

Pero nunca como en este momento se ha necesitado el liderazgo de hombres y mujeres capaces de proponer estrategias globales y totalizadoras, no sólo en los niveles macro; también en este mundo multidisciplinario y multiforme se requiere del liderazgo micro para los diversos intereses, grupos y organizaciones que integran este mundo por nacer al nuevo milenio.  

Desde luego, es necesario proponer la pregunta fundamental sobre el origen del liderazgo. ¿El líder nace o se hace? Si los lideres nacen, es necesario buscar dónde se encuentran estos lideres; cómo los detectamos y los promovemos para que tomen sus puestos. Si se hacen, entonces existe la alternativa de formarlos, de promover su desarrollo, de encontrar formulas para propiciar dirigentes en todos los niveles de las organizaciones y de las instituciones.  

En función del análisis que hemos hecho de la relatividad del liderazgo a niveles y especialidades, la pregunta resulta mal planteada. ¿A qué liderazgo nos referimos? ¿Al de un líder nacional, al de un ejecutivo, al de un supervisor que tiene sólo tres personas a su cargo, a un padre de familia que es líder en su pequeño núcleo?  

Podemos afirmar que, en parte, todo hombre nace con cualidades de líder. La naturaleza ha dotado a cada quien de ciertas capacidades, y la historia personal y familiar lo ha colocado en una clase socioeconómica, en un medio cultural y en un lugar especifico que lo predefine en mayor o menor medida. En este sentido, los lideres nacen. Alguien que ocupe la dirección general de una gran empresa familiar ha sido beneficiado y predeterminado en gran medida por la historia y el patrimonio de la familia En parte, nació en cuna de liderazgo; aunque no necesariamente, ya que otros hermanos o hermanas no ejercen un liderazgo parecido y algunos están lejos de ello. Lo que si sabemos es que genéticamente se requiere tener las cualidades y habilidades físicas, psicológicas y mentales que nos permitan desenvolvemos en el medio y nivel al que podamos llegar. Dotes extraordinarias predeterminan niveles más altos de influencia y desarrollo personal, siempre y cuando se desarrollen esos talentos. Un líder supervisor no requiere de las cualidades extraordinarias que requeriría el presidente de un país. También sabemos que casi todas las cualidades de liderazgo relativas al nivel potencial de cada quien se pueden enriquecer y perfeccionar con la educación y la experiencia, de tal manera que un supervisor con excelentes dotes puede llegar a ser gerente o director o, excepcionalmente, un pastor de ovejas puede llegar a ser un Benito Juárez, presidente de México. 

Adicionalmente, las circunstancias históricas pueden llegar a producir lideres que para un individuo concreto no serian explicables en otro contexto. Un líder de un país no hubiera sido tal si sus padres hubieran optado por adoptar la nueva nacionalidad. Lideres revolucionarios que no se explicarían y no hubieran sido tales en un contexto de paz y bonanza. Posiblemente serian lideres; pero la historia no los hubiera favorecido como los favoreció en el momento preciso. Así encontramos a un Francisco Villa, que se involucró en el movimiento revolucionario y pasó de ser gavillero a general de división y héroe nacional. En otras palabras, el líder nace; es decir, se requiere heredar las habilidades relativas al nivel de liderazgo que se ha de ejercer. También el líder aprende. No importa el nivel donde se esta, siempre se pueden desarrollar las habilidades a través de la experiencia y el aprendizaje. Y asimismo, el líder es producido y favorecido por las circunstancias.  

Lo importante de estas conclusiones es que se pueden desarrollar y promover las habilidades de liderazgo que estudiaremos a lo largo de este libro, y no importa el nivel de cada quien: a partir de ese umbral se puede lograr una mejor capacidad de influir en los demos.  

Una reflexión fundamental que ha surgido de nuestras investigaciones, y que analizaremos más adelante, es que existen organizaciones, instituciones y sistemas que promueven el surgimiento de lideres y, por el contrario, es preciso entender que desgraciadamente existen estructuras y sistemas en las organizaciones, en las familias y en las estructuras sociales que impiden y bloquean el surgimiento de lideres. La ciencia de la conducta y la ciencia de la educación han avanzado en los conocimientos y técnicas de formación de dirigentes. Tenemos las herramientas para detectar y formar a los nuevos lideres.  

Necesitamos crear, como señala Peter Senge, las organizaciones en permanente aprendizaje y, como complementa Peter Drucker, las organizaciones aprendices y maestras. El liderazgo se puede aprender y se puede transmitir.  

Necesitamos iniciar esta formación desde la familia misma. El primer liderazgo lo ejercen el padre y la madre. Ahí también necesitamos el liderazgo de los padres que enseñen a sus hijos; pero que al mismo tiempo ellos aprendan y perfeccionen su liderazgo primario. Vivimos una sociedad que influye en si misma y se transforma a si misma en la retroalimentación de sus maestros y aprendices. En nuestro país tenemos que redefinir el mismo termino de liderazgo, ya que se ha identificado con sistemas autoritarios y con formas políticas y sindicales que han quedado obsoletas.  

El liderazgo que estudiemos en este libro será aquel que propone nuevas formas de reto y de integración; nuevas maneras de superar las contradicciones humanas; nuevas formas creativas para establecer pactos de energía y de esperanza para un futuro mejor para las comunidades y organizaciones. Estudiaremos a los lideres que propongan nuevas metas y valores que trasciendan el presente y nos ofrezcan mejores oportunidades y opciones de desarrollo material, social, político y espiritual. No solo nos referiremos a los lideres macrosociales, sino también a los lideres de la nueva organización inventada en el siglo XX y en plena transformación al iniciar la última década del siglo: la empresa, la organización productiva; la institución de servicios y la organización de grupos intermedios. Si nos referimos y estudiamos a los grandes lideres de pueblos y naciones o a los grandes lideres de gobierno y de grupos empresariales, es como un acercamiento a los lideres que en realidad produce la pirámide social en su conjunto.  

Si la base de la pirámide carece de liderazgo, en la cúspide habrá escasez de lideres y viceversa. Cuando hablamos de los que resaltan en la cúspide, también estamos hablan. do de los lideres intermedios y de los de la base. Este libro esta orientado al director, tanto de las instituciones públicas como privadas, al gerente, al supervisor, que no han sido formados como guías de personas en la escuela ni en la universidad, sino que han tenido que ser autodidactas en el mundo del trabajo.  

Está dirigido a los nuevos servidores públicos que tienen que conducir su dependencia hacia nuevos retos de eficacia, transparencia y servicio. Y esto lo tienen que lograr revalorando la imagen del funcionario y reinventando el gobierno.  

Este libro esta pensado también para los nuevos dirigentes sindicales que están en la búsqueda y redefinición de la misión de sus sindicatos para una autentica representación y desarrollo integral del trabajador, y al mismo tiempo con un compromiso con la construcción de la nueva empresa productiva que pueda competir a nivel internacional y construir la patria.  

Este libro también se dirige al nuevo líder ecológico del siglo XXI, quien promueve la nueva cara del medio ambiente; no sólo del ambiente físico y material, sino del ambiente psicológico y social de las comunidades. También se dirige al director escolar, al maestro y a los padres de familia cuya misión principal es la de formar a los lideres del nuevo mundo.

En otras palabras, al número enorme de lideres intermedios que a su vez crearán el crisol y las condiciones para que se dé el líder macro del siglo XXI.